El poder de la palabra
En agosto inauguramos la Plaza del Encuentro en el Parque de los Reyes; nos encontramos en el teatro Oriente con Enamórate de Dar tus talentos: las obras ganadoras del concurso de Teatro en colegios y la música de Julio Zegers y sus músicos; y finalmente Newfield nos regaló un taller de Habilidades Directivas. De todas ellas quisiéramos detenernos en una reflexión que surge a partir de este último encuentro: la fuerza de nuestras conversaciones y el poder de la palabra.
La palabra es en el hombre una llama de eternidad, un modo para luchar contra la muerte y lo que desaparece. Todo lo que para nosotros tiene importancia, todo lo que creemos que de algún modo debe permanecer, todo lo que intentamos proteger del olvido, lo protegemos con ese precioso envoltorio que es la palabra.
Vivimos en una sociedad de las comunicaciones y. sin embargo, se nos ha extraviado el poder y el sentido de la palabra, el poder y el sentido de esta voz interior que se convierte en sonido por y para otro. Soy el dueño de mis palabras y sin embrago, ellas tienen su vida propia, su propio camino. Aún cuando ya no esté, lo que he dicho permanece. Las palabras crean realidad o la destruyen, crean esperanza o miedo, confianza o angustia. Las palabras levantan o pueden hacer caer, hacen sentir a una persona amada y necesitada, o sola y abandonada. La palabra puede salvar.
Las palabras crean realidad. Cuando algo se dice, entonces existe. Si amo a alguien, pero no lo digo, ese otro vive en la incertidumbre. La palabra, como toda realidad humana, nos vuelve, nuevamente, a esta condición tan nuestra de que somos comunidad. La palabra no tiene sentido si no hay nadie allí para escuchar. Por eso, no da lo mismo ni lo que decimos ni cómo lo decimos. Cómo lo digo importa tanto como qué es lo que digo. Nuestra comunidad quiere decir la palabra esperanza, solidaridad, compasión, y lo quiere decir con un modo de vida, construyendo comunidad.
Digamos palabras que levanten, que animen, que hagan sentir valorado y amado. Digámoslo con ternura, con suavidad, mirando a los ojos, desde la confianza y la alegría. A mi país en este mes de la patria, quiero decir: ¡Comunidad!




