¿Qué digo cuando digo Enamórate de Dar?
El 1 de abril pasado fue el lanzamiento oficial de la campaña Enamórate de Dar, organizada por la Comunidad Organizaciones Solidarias. Desde entonces hemos salido a las calles repartiendo trípticos a los automovilistas y transeúntes, andamos con nuestra pulsera amarrada a la muñeca, muchos otros corrieron en la Maratón de Santiago con el logo del corazón, otros tantos bailaron y cantaron en “Enamórate de Dar Bellavista”, otros pintan murales y arman mosaicos, y otros tanto ofrecen un espectáculo de malabarismo y portan un gran lienzo…
Pero más allá de todo eso, hay una pregunta de fondo que tenemos que plantearnos: ¿qué decimos cuando decimos “enamórate de dar”?
La respuesta no es sencilla e involucra, por una parte, un cambio de mirada: Mirar más allá de nosotros mismos para ir al encuentro del otro; dejar de lado los prejuicios y quitar los carteles que ponemos a cada uno de los habitantes de este país −si dejamos de lado los prejuicios ya no tendremos excusas para ignorar a los demás; ser conscientes de que el consumismo nos desquicia y que la solidaridad es el mejor antídoto; y que la calidad de vida se juega en rescatar “lo humano” de nuestras existencias.
Esa mirada distinta nos llevará, inevitablemente, a cambiar el sentido de nuestro actuar: Hacer nuestros actos de solidaridad de forma consciente, de manera de ir creando la conciencia de nuestro actuar; atrevernos a desafiar la apatía y a derribar los muros del individualismo; vivir la experiencia de felicidad profunda que nos produce el abrirnos al otro; y atrevernos a confiar, lo que sin duda mejora nuestra calidad de vida.
Todo esto hace que el “otro” tome una dimensión distinta. Ésta es una oportunidad de atrevernos a ser amables con los desconocidos, a regalar una sonrisa a quien está a nuestro lado; y dejar de ver al otro como una rival, aprender a alegrarnos con sus alegrías y disfrutar con los triunfos de los demás.
Ésta es una invitación a dejar fluir el potencial de respuestas nuevas que hay dentro de cada uno de nosotros, cuando vemos a los demás y conocemos sus dificultades. Cuando decimos “enamórate de dar” es tomar conciencia, en definitiva, que estamos en un mismo barco y por lo tanto, nuestro destino está íntimamente ligado al destino de todos los demás.




