Tema Central, marzo 2008

Enviado por Comunidad Organizaciones Solidarias el martes, 11 marzo, 2008 a las 11:48
Creando una cultura solidaria
DISTINCION ENTRE HACER SOLIDARIDAD Y EDUCAR PARA LA SOLIDARIDAD

Con el fin de obtener algunas luces sobre este tema, la publicista Tencha Miranda hizo una exhaustiva revisión del libro “Solidaridad: La construcción social de un anhelo” de Cecilia Dockendorff*. Aquí les entregamos algunas consideraciones claves.

Fomentar el potencial solidario de los chilenos:
No se trata de fomentar un cambio cultural desde una posición ideológica, con miras a un modelo de sociedad teóricamente formulado, sino del fomento de capacidades y potenciales humanos que la propia gente considera necesario para su bienestar como la participación y la solidaridad. Se trata (…) de estimular el despertar de la sociedad civil. Se trata de lograr que se actualice la “capacidad instalada”, que se exprese el “potencial solidario” de los chilenos. (P. 145)
Fomento no es exhortación a través del discurso:
No es la exhortación la que puede producir cambios, sino el facilitar las acciones, las experiencias.
El fomento requerido, entonces, es aquel que se caracteriza justamente por ofrecer acciones, vivencias concretas que vayan produciendo el cambio a partir, más que de las ideas o el discurso, de la experiencia misma.
Sólo un fomento eficaz puede contrarrestar a otro.
Nuestros interlocutores denuncian que el individualismo está “penetrando”, “se ha impuesto”, nos ha hecho a todos “caer” en él, nos está “invadiendo”. Estas expresiones nos permiten descubrir que el poder del individualismo para invadirnos, no obedece tanto a nuestras necesidades como a un bien logrado fomento. (P. 146)
Reconocer y utilizar la enorme fuerza del fomento
El fomento bien logrado resulta prácticamente irresistible. Es una conclusión alarmante y tranquilizadora a la vez. Alarmante como en el caso de la drogadicción (…) El fomento en este caso, es directo y certero: los traficantes van, esperan y seducen en las mismas puertas de la escuela, liceos y colegios. Conocer el poder del fomento puede ser tranquilizador, en la medida que ese mismo tipo de acción de fomento, directa, certera y eficaz, pueda ser puesta en práctica en relación a conductas y valores como la participación y la solidaridad. Hay que estimular lo bueno para que aflore, decía un joven convencido de que lo que no se fomenta, no aflora. (P. 147)
Distinguiendo entre hacer solidaridad y educar para la solidaridad
Al hablar de educación para la solidaridad se está haciendo una distinción fundamental: por un lado, están las acciones solidarias, que son muchas en el país, pero desde cualquier perspectiva insuficiente, y por otro lado la conducta solidaria cotidiana de todos los ciudadanos, no sólo aquellos que están laboralmente vinculados a acciones solidarias específicas. La acepción de educación para la solidaridad aquí utilizada, se refiere al fomento de valores y conductas en todos los componentes de la sociedad civil, más que a la elaboración de un nuevo proyecto que beneficia a algún grupo determinado de personas. Por ello es que se habla de un cambio cultural, se habla de fomentar una cultura solidaria. La educación para la solidaridad expresa, pues, aquel fomento caracterizado por proponer acciones específicas, múltiples y diversas, dirigidas a todos los miembros de la sociedad civil. (P. 147)
Hacer solidaridad, sin educar para la solidaridad, no logra un cambio cultural
La convicción de que la educación para la solidaridad debe ser aterrizada en acciones muy específicas, es unánime (…) Existe el reconocimiento básico de que la solidaridad se aprende, pero se aprende en la práctica ejerciéndola. (P. 150)
También se propuso que el fomento de la solidaridad no fuese en base de crear culpas, sino instando a una acción gozosa y evocando nuestros valores internalizados en la niñez, en lugar de acusaciones sobre falta de solidaridad. (…) educar en forma entretenida, no llorona ni latera, en la que uno se sienta que es eficaz.
En suma, la propuesta de una educación para la solidaridad dirigida a toda la sociedad civil, asumida concretamente por todos los agentes socializadores. ¿Qué convoca a los jóvenes? Yo creo que es esta educación del espíritu solidario. (P. 153)
¿Quien más que nosotros, Comunidad Organizaciones Solidarias, estamos en condiciones de proveer esta experiencia de acciones específicas, múltiples y diversas a todos los chilenos?
¿Quien más que nosotros estamos dotados para “tomar el toro por las astas” y fomentar el cambio cultural que Chile necesita?


*Cecilia Dockendorff. Solidaridad: La construcción social de un anhelo. Unicef Internacional. Mideplan. 2a Edición 1995.
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